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Gabriel, es el nombre del pequeño de 8 años que se nos ha quedado grabados en la retina y en nuestros corazones.

Hemos esperado durante los largos 13 días que ha durado su búsqueda que apareciera bien, el niño asesinado cruelmente.

Hemos estado con el alma y los estómagos encogidos con esta historia sin final feliz que nos ha golpeado el alma.

Hemos visto a unos padres rotos y a la vez enteros por un dolor que es indescriptible, seguramente sin creerse aún que su pescadito haya volado. No hay palabras de consuelo para ellos.

El símbolo de los peces que tanto le gustaban a Gabriel ha inundado las redes, las ventanas y balcones de las personas que sin conocerlo queríamos verlo reunido con su familia.

Hay gente que sin escrúpulos aprovecha la circunstancia de que su asesina sea extranjera para volcar su rabia contra los inmigrantes que viven en nuestro país, con textos instando a echarlos a todos… y gente que pide incluso que vuelva la pena de muerte a nuestro país.

Nuestros cuerpos de seguridad han actuado como debían, investigando todas las líneas de actuación y debemos dejar que sea la justicia la que castigue a su asesina, y, dejar que sigan trabajando para responder a tantísimas preguntas que se nos atragantan en nuestras gargantas:

-¿Por qué?

No hay nada peor para unos padres que sobrevivir a sus hijos, no hay mayor dolor que encontrar en su casa algún libro que ya no será usado, nada más duro que ver su ropita recogida en su armario, sabiendo que ya no lo volverán a ver teniendo que vivir unas vidas truncadas.

Esa madre nos ha dado a todos una lección de orgullo y dignidad a pesar de las durísimas circunstancias que está viviendo, y que cuando vuelva a su casa y contemple su habitación, su cama vacía, entonces llorará desconsoladamente mirando cada juguete y cada hueco que ha dejado su pequeño.

Que injusto que un niño con toda su vida por delante, un buen hijo estudioso, cariñoso, que pretendía ser biólogo por su amor al mar, termine ahogado bajo las manos de la ejecutora que lo estrangularon y que rompió de golpe todos sus sueños…

Solo espero que Gabriel convertido ahora un pez volador hacia ese mar con el que él soñaba, vele por su madre, por sus seres queridos allá donde esté, porque esa familia rota para siempre lo va a necesitar más que nunca.

Dejemos actuar a la justicia que esperamos que sea justa, aunque no haya castigo tan grande que pueda compensar esta crueldad, ojalá los huesos de su asesina se pudran en la cárcel y que cada noche sueñe con su carita, que no pueda tener descanso en lo que le quede de vida, pero no debemos pedir la venganza del ojo por ojo, la muerte de su asesina no calmará el dolor de esa familia, espero que su larga estancia en la cárcel le sirva de tormento día y noche, por el tiempo en los que ella disimuló y quiso engañarnos mostrando su pena por la desaparición del pequeño, rompamos el silencio con lágrimas no con gritos de odio.

Demostremos nuestra humanidad solidarizándonos con esa familia en estos momentos, no los dejemos solos, rompamos el silencio con lágrimas, y como dice su madre, que la rabia se canalice en forma del cariño hacia ellos que es lo que habría deseado su pequeño Gabriel.

No te olvidaremos pequeño. Nada alto, vuela alto, pez ángel con alas…

 

Mª del Pilar García Victorio

Gabriel: Un pescadito volador por Mª del Pilar García Victorio
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